Entrevista a Casimira Rodríguez, la primera ministra de Justicia del gobierno de Evo Morales (ex empleada domestica)

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Si para los trabajadores normales y corrientes la jornada laboral era de ocho horas, de lunes a viernes, para las trabajadoras del hogar era de 6 horas y sólo tenían seis horas de descanso los domingos. Mientras que un contrato de trabajo para cualquier trabajador se debía legalizar en el ministerio de Trabajo, la trabajadora del hogar tenía que ir a la policía como si fuera una delincuente. Por estas diferencias empezamos a trabajar en una propuesta de ley. Y una vez que la presentamos en el Congreso ante senadores y diputados y en el Ministerio de Trabajo, iniciamos una proceso bastante largo, de casi doce años hasta su aprobación, que se concretó en el año 2003. En todo ese tiempo fortalecimos la organización: fundamos primero la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia, en 1993.


Luego visibilizamos la organización y generamos algunas campañas. Nuestras organizaciones tenían vida los días domingos únicamente. Los propios movimientos sociales no nos querían aceptar, nos discriminaban, por el hecho de ser campesinas en la ciudad. Les ha costado aceptarnos y reconocernos como organización. Cuando ya logramos visibilizarnos, cuando logramos salir en los medios de comunicación, fue madurando nuestra reivindicación y fuimos cambiando nuestras consignas: al principio decíamos: “¡Queremos la ley, queremos la ley!”. Sin embargo, empezamos a tomar la letra de la propia Constitución y a reivindicar que la servidumbre es inconstitucional. La nueva consigna fue: “No queremos más esclavas modernas”.

–¿Qué régimen de trabajo fijó la nueva ley para las trabajadoras del hogar?
–Jornadas de trabajo de ocho horas. Para las internas, las que trabajan con “cama adentro”, de 10. Vacaciones de 15 días, igual que para todos los trabajadores. Descanso los fines de semana, y los días feriados. Indemnización según los años de trabajo. Pero nos ha costado mucho la aprobación de la ley porque a los políticos les ha costado aceptar nuestros derechos, salió afuera lo que estaba oculto, las actitudes dentro de la casa comenzaron a salir. Hemos escuchado muchas críticas de parte de empleadoras y empleadores, calificativos, desprecios. Los propios políticos no le daban prioridad al tema.

–¿Y se encontraron con resistencias a la hora del cumplimiento de la ley?
–Sí, ha habido muchas idas y vueltas. Costó mucho a nivel político y social que se reconociera que tuviéramos los mismos derechos que los demás trabajadores. Estamos en el proceso del cumplimiento desde el 2003. Pero gracias a toda la lucha que hemos dado, las denuncias empezaron a salir y en cada departamento nuestro sindicato se está encargando de que se haga cumplir la ley.

–¿Cuántas trabajadoras del hogar hay en Bolivia?
–132 mil. En las ciudades, en la mayoría de las casas de clase media hay una empleada.

–¿Cuál es el sueldo de una empleada que trabaja ocho horas?
–Varía, pero es un promedio de 50 dólares por mes.

–¿Cómo analiza la situación de las trabajadoras domésticas en la región?
–Es una realidad bastante triste y complicada el hecho de que muchas hermanas trabajadoras no conocen sus derechos porque vienen de comunidades campesinas con pocas oportunidades de educación.

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